El desembre passat, en un dels concerts del LIFE Victoria, la Mercedes Gancedo i la Beatriz G. Miralles van interpretar Triste, una de les Cinco canciones populares d'Alberto Ginastera, i en vaig prendre nota per parlar-ne a Liederabend durant el curs. Quan m'hi anava a posar vaig pensar que estaria molt bé poder compartir amb vosaltres aquella mateixa interpretació, i encara millor que fos la Mercedes, argentina com el compositor, qui ens parlés de la cançó. Dit i fet. Moltes gràcies a la Fundació Victoria de los Ángeles, organitzadora del LIFE, per cedir-me el vídeo del concert i a la Mercedes Gancedo per escriure aquesta entrada i explicar-nos les seves impressions, el que a ella li suggereix Triste; les seves paraules ens traslladen a la Pampa, per coses com aquestes m'agrada tenir plomes convidades!

Una última cosa abans de deixar-vos amb la Mercedes: d'aquí uns dies, el 16 de juliol, ella mateixa i el Francisco Poyato interpretaran el cicle de Ginastera, a Camprodon, dins del Festival Albéniz.
 
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Acordes de la tradición - G. Rovira
 
El ruedo de una piedra en el desierto, movida no por una brisa amable o una ventisca temperamental, sino que, en medio de un borboteante calor, con los labios secos, sólo humedecidos en su vértice más extremo por una tímida lágrima que se abre paso entre la tierra seca y sus mejillas olvidadas, un viejo gaucho, la patea. Arrollada en una estancada planicie, en cuyo zarandeo, él pareciera esperar que se abriese en ojos azules como un capullo humedecido en el rocío matinal.

Como un fiel perro flaco que acompaña al caminante al lado de los insondables desiertos pampeanos, se pasea la tristeza, siguiéndolo casi sin alzar la mirada. De tanto en tanto mira, como quien se guía por las estrellas, la adornada espalda cargada de una guitarra cansada, y un mate de yerba seca en el bombacho.

Río de llanto sordo, seco por amargura, que deja caer el reflejo de una nube que lo cruza, para desaparecer en su último ápice de humo de olvido. A la sombra solo de sí mismo, el viejo gaucho raspa las cuerdas de su guitarra. La que antes era el bálsamo, la caderona de pino que envuelta en cuerdas tantas danzas tejió, hoy sólo es un descanso de las abatidas manos de un gaucho que parece no recordar cómo era su zamba, ni cómo era su paz.
 

Ah! Ah!
Debajo de un limón verde
Donde el agua no corría
Entregué mi corazón
A quien no lo merecía.

Ah!
Triste es el día sin sol
Triste es la noche sin luna
Pero más triste es querer
Sin esperanza ninguna.
Ah!

 
Los sufrimientos que causan los amores no correspondidos, los engaños, la distancia, son sufrimientos que, puede decirse, se manifiestan a nivel universal. Pero tanto las rimas y poesía dictadas en Salta y Jujuy a Carlos Guastavino en sus Cuatro canciones argentinas, como los versos del cancionero popular de las Cinco canciones argentinas de Alberto Ginastera hacen referencia a estos temas con tanto ahínco, que da la sensación de que siempre se hablase del mismo amor, la misma pena en sus distintas fases. Los espacios campestres, impresos con maestría en los vacíos que hay en la música, reflejan no sólo el carácter pausado del gaucho sino también el paisaje que en su denso desierto es coronado con algún árbol que otro.

En la urbe o en la pampa, el dolor es el mismo. Bajo el mismo cielo bregan las almas hallar el amor perdido y aunque su canto sea distinto, comparten la dulce amargura del anhelo.

Triste es la segunda de estas cinco canciones que conforman el op. 10 de Alberto Ginastera, un ciclo de danzas folclóricas argentinas. En lo referido a Triste, es una danza desdibujada, como si fuese un ritmo olvidado. El amor es el verdadero ritmo constante del ciclo, en el que la simpleza y diafanidad campestre es expresada en breves versos populares de gran belleza.
 
Triste
 
 
 

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